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La Historia Jamás Contada del "Rincón de Los Olivera"

El siguiente trabajo se basa en la investigación y transcripción de datos obtenidos por el autor de un documento del Escribano Aquiles Rubio del año 1918 denominado: Testimonio denuncia de Tierras “Manuel Álvarez de Olivera” y del análisis de otros documentos históricos.

El fundador de la estirpe Olivera, Don Manuel Álvarez de Oliveira, nació en el mes de Abril de 1754 en Santa Catarina. En 1762, con tan sólo 8 años de edad, acompaña a sus padres y funda (junto a un grupo de “exiliados”) San Carlos. Manuel Álvarez de Oliveira o Manuel Olivera (23) contrae matrimonio en 1787 con Ana Teixeira (16) con la cual tendría 11 hijos: Francisco, Leonardo, Rufina, Nicida, Julián, Serafina, Isidoro, Mercedes, Irene, Juan y Benito. Don Manuel trabaja como Capataz en la Estancia del Rey hasta el año 1793.

El 30 de noviembre de 1793 (cuatro días después del nacimiento de su hijo Leonardo) el Comandante de Santa Teresa, Agustín de la Rosa, concedió a Manuel Álvarez Olivera los terrenos pertenecientes a la Corona en lo que hoy conocemos como “Rincón de los Olivera”. El documento entregado al Sr. Álvarez Olivera dice textualmente:



DOCUMENTO.-

Don Agustín de la Rosa, Capitán del Regimiento de Infantería de Buenos Aires y Comandante Principal de los Fuertes y Jurisdicciones de San Miguel y Santa Teresa, etc. Hallándome con facultad bastante del oficial Real de Maldonado, Don Rafael Pérez del Puerto, para compartir los campos de ésta mi jurisdicción a los vecinos de ella para cría de ganados y otros cultivos; he cedido y dado como por el presente doy por mí y a nombre de aquel, los terrenos realengos que lindan al Norte con Mariano Arguello, siendo éste su frente, y extensión como cosa de dos leguas poco más o menos desde la costa del mar hasta el arroyo del Sauce; por su fondo al Oeste que tendrá la misma extensión desde el arroyo que entra en la mar hasta el Sauce que linda con el arroyo de Castillos, hasta la barra de este nombre y por sus costados la mar y la laguna; para que desde ahora lo pueda poblar y poseer como suyo, ínterin que el Rey como realengos no los necesite, sin que persona alguna le pueda poner ni le ponga impedimento en su posesión que en señal de ella le confiere el presente documento con autoridad bastante y con las circunstancias más precisas y necesarias al intento.- En esta atención deberá poblar Don Manuel Álvarez los terrenos que le van cedidos sin perjudicar a terceros en tiempo alguno, mirando siempre el bien público y de fomentar sus campos por lo que a éste interesara.
Dado en Fuerte de Santa Teresa, 30 de Noviembre de 1793



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El 7 de noviembre de 1821 (a 18 años de habérsele otorgado las tierras al padre del Coronel Leonardo Olivera) el Capitán General de la Provincia Cisplatina dictó el Bando de Tierras tendiente a regularizar la propiedad rural. El mismo dice textualmente:



Bando de Tierras de Lecor. Fecha: 7 de Noviembre de 1821

5º. Los que ocupen campos por previa denuncia o por donación de alguna autoridad, o por cualquier otro motivo legítimo de propiedad, ni hayan pagado los campos que ocupan, se presentarán al gobierno en el término de seis meses, con los documentos o papeles que tengan, para que examinados por la Junta de la R.H. se los admita a moderada composición y se les expidan los correspondientes títulos de propiedad. Los que no se presenten en el referido plazo de los seis meses serán reconvenidos y en caso de notoria contumacia, se admitirán denuncias sobre los campos que ocupan y se procederá a su venta conforme a ordenanzas.
6º. Los propietarios de estancias con legítimo dominio que poseyeran más terrenos que aquellos que expresan sus respectivos títulos, denunciarán las sobras en el citado plazo de seis meses, para adjudicárselas por una moderada composición y en caso de omisión culpable, se admitirán denuncias de las dichas sobras y se adjudicará al mejor postor, conforme a lo prevenido en los precedentes artículos, cuando el remate de las sobras denunciadas se hiciere a favor de los actuales poseedores, o de un tercero, los denunciantes percibirán, por vía de ratificación, la tercera parte de los valores en que aquéllas sean rematadas.
7º. Todos los propietarios de estancia, sin distinción alguna, presentarán dentro de seis meses, en la Escribanía Mayor de esta Superintendencia General, sus títulos de propiedad o posesión y cualquiera documento o papeles en virtud de los cuales poseen sus campos y haciendas, a fin de que recaiga la confirmación que subsane cualquier falta de solemnidad y asegure su validez y estabilidad para el futuro.
8º. Se tendrá presente la antigüedad de los poseedores, las circunstancias de sus familias, servicios y quebrantos, para dispensar de toda consideración en las moderadas composiciones o declarándose el dominio de los campos que posean sin pensión ni gravamen, según parezca más conforme a los principios de equidad.



Como el Sr. Manuel Álvarez Olivera no sabe leer ni escribir delega en su yerno, Juan Pedro Aguirre, todas sus facultades para que éste realice los trámites correspondientes a fin de regularizar la situación de propiedad de las tierras. Para ello ante el Juez del Partido de Castillos elabora un “Poder” otorgándole las más amplias potestades. El texto de dicho documento dice lo siguiente:



TESTIMONIO.- “PODER”.-

En el partido de Castillos a los 16 días del mes de abril de 1822 compareció ante mí, el Alcalde Don José Inchausti y testigos que al fin se nombran, Don Manuel Álvarez vecino hacendado de ésta Jurisdicción al que certifico, conozco y digo: Que teniendo que remitir en testimonio el documento de propiedad de los terrenos que posee ante el Superior Gobierno de la Capital de Montevideo, para que visto y examinado se le expida, conforme a lo dispuesto por el Ilustrísimo y Excelentísimo Barón de la Laguna Capitán General del Estado, en Bando circular de fecha 7 de noviembre del año próximo pasado, para por éste medio asegurar su validez y estabilidad; y a su efecto por el presente otorga y confiere todo su poder general cumplido, y tan bastante cuál de derecho se requiera y sea necesario para más valer a Don Juan Pedro Aguirre vecino de la ciudad de Montevideo, para que en su nombre y representando su propia persona accione su derecho como legítimo apoderado, se haga cargo desde éste otorgamiento que adjunto acompaña éste poder y lo presente para su denuncia y demás que corresponda, ante la Superintendencia General del Estado, entendiéndose y procediendo en él lo mismo que el otorgante haría, y hacer podría, presente siendo, dándole al mismo tiempo al referido poderdante cuanto desempeño en el ejercicio de su representación, delegando este poder en cuando le pareciere, y a su firmeza y valimiento obliga el otorgante su propia persona y bienes, habidos y por haber, queriendo que este instrumento tenga bastante fuerza y efecto como si fuese otorgado en algún oficio de contratos públicos. En su testimonio así lo otorgo, y no firmó por no saber haciéndolo a su ruego el vecino Don José Francisco de Castro ante mí el Juez y testigos que lo son Don Ceferino Molina y Don Natalio Molina con quienes autorizo en el precitado día, mes y año a ruego de Don Manuel Álvarez por no saber firmar.-

Firman: José Francisco de Castro / José Inchausti (Alcalde)
Testigo: Ceferino Molina / Testigo: Natalio Molina



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El yerno de Manuel Álvarez Olivera se dirige a la Capital de Montevideo para cumplir con los respectivos trámites presentando, el día 2 de mayo de 1822, la siguiente nota ante el Capitán General del Estado:



ILUSTRISIMO Y EXELENTISIMO CAPITAN GENERAL
Don Juan Pedro Aguirre, apoderado de don Manuel Álvarez, hacendado del Partido de Castillos, según consta del PODER que debidamente acompaño, presento a Vuestra Excelencia el documento de propiedad de un terreno que concedió a mi representado el Comandante Agustín de la Rosa, comisionado al efecto, con extensión de dos leguas poco más o menos desde la costa de la mar hasta el arroyo del Sauce en su frente y con la misma extensión desde el arroyo que entra en el mar hasta el Sauce por el fondo. Y en cumplimiento del Bando Superior de 7 de noviembre último hago a Vuestra Excelencia exhibición de dicho título para que se sirva aprobarlo como es de justicia que a Vuestra Excelencia imploro y para ello juro lo necesario en derecho.
Ex. Sr. Firma: Juan Pedro Aguirre / 2 de mayo de 1822.
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RESPUESTA DEL FISCAL FRANCISCO LLAMBÍ AL CAPITAN GENERAL DEL ESTADO:

ILUSTRISIMO Y EXCELENTISIMO SEÑOR, EL FISCAL DICE:
Por el documento que presenta don Juan Pedro Aguirre a nombre de don Manuel Álvarez resulta habérsele dado en el año 93 la posesión del terreno a que se refiere. Si por ésta circunstancia es acreedor el interesado a la moderada composición de que habla el Bando de Vuestra Excelencia, no así a la toma de razón que solicita, y por lo mismo pide el Fiscal que admitiéndose en cuanto haya lugar la presente denuncia, se sirva Vuestra Excelencia mandar se reciba la información de realengo y se practique mensura y tasación por el juez del Partido para que a su vista puedan expedirse las providencias que de derecho correspondan.
Firma: Fiscal Francisco Llambí / Montevideo 7 de mayo de 1822.

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Precisamente ese día vencían los 6 meses de plazo otorgados por el Capitán General del Estado, Carlos Federico Lecor para regularizar la situación de las tierras. Dos días después, el Barón de la Laguna y capitán General del Estado expide un despacho dirigido al Alcalde del Partido de Castillos:



DON CARLOS FEDERICO LECOR, BARON DE LA LAGUNA Y CAPITAN GENERAL DEL ESTADO AL ALCALDE DE LA JURISDICCION DE CASTILLOS HAGO SABER:

Que en éste Superior Gobierno ha presentado Don Juan Pedro Aguirre, apoderado de Don Manuel Álvarez vecino de esa jurisdicción, un escrito que su tenor, el de lo expuesto por el Señor Fiscal y mi providencia en conformidad es como sigue: (van la nota de Aguirre y la respuesta del Fiscal citadas anteriormente) …DECRETO: como propone el señor Fiscal libérese el despacho de estilo.
En su consecuencia luego que el presente le sea entregado y pedido su cumplimiento procederá Ud a recibir información bajo juramento de los vecinos antiguos y linderos sobre el conocimiento del terreno(con citación de los respectivos colindantes y sus respectivos títulos y documentos) y si resultase hallarse realengo nombrará un perito agrimensor de los de éste Estado y que aceptando y jurando el cargo proceda enseguida al reconocimiento de dicho campo, anotando su extensión, límites y linderos, ejecutando la mensura por cordeladas y de cuadra en cuadra según el rumbo y que si fuere descubriendo con la brújula donde hubiese variación se pondrá un mojón ó señal para sacar el area según la figura del terreno, levantando un plano para dar idea de él y sus linderos, concluida ésta operación y extendida con toda claridad nombrará Ud dos personas inteligentes y de probidad que prestando la debida aceptación y juramento tasen las tierras separadamente con arreglo a su calidad y situación, nombrándoles un tercero en caso de discordia, cuyas diligencias obradas a continuación de éste mi despacho me las remitirá originales para, en su vista determinar lo que corresponda.

Dado en Montevideo a 9 de mayo de 1822, por mandato de Vuestra Excelencia.-
Bartolomé Domingo Vianqui, Escribano de la Superior Gobernación.-



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Al día siguiente, 10 de mayo de 1822, el Capitán General del Estado prorroga el plazo por otros seis meses para que los poseedores de tierras cumplan con la documentación exigida. Cabe preguntarse si en esa decisión (extender el plazo) no habrá influido la situación de Manuel Álvarez.-

El Decreto librado por Lecor encomienda al Alcalde de Castillos nombrar un “piloto agrimensor” encargado de la mensura aclarando que los tasadores deberán valorizar la tierra “separadamente con arreglo a su calidad y situación”. El plano de mensura que se manda confeccionar es para ver qué cantidad de cuadras son aptas para el ganado y en base a eso cobrar la moderada composición. Como veremos más adelante se dejan fuera los arenales, pero también los bañados y los esteros por ser éstos improductivos, ya que la “mensura” era para determinar el valor económico de la posesión de Manuel Álvarez.

Desde los inicios de la colonización, el paso del tiempo hizo necesaria la formación de centros poblados y con ellos la formación de los primeros amanzanamientos. En el medio rural, la necesidad de trabajar la tierra, hizo necesario el reparto de aquellas entre los primeros pobladores. Con ello la necesidad de mensurar grandes extensiones de campo. Por esta razón la labor del Agrimensor desde los inicios de la dominación española ha sido intensa. Los encargados de llevar adelante desde sus comienzos esta tarea, no fueron obviamente agrimensores titulados. Se desprende de los antecedentes históricos, que los pilotos de mar y los militares venidos al Nuevo Mundo fueron entonces, por tener conocimientos básicos relacionados, los encargados de ejecutar aquellas primeras operaciones de Agrimensura. Con el nacimiento de nuestra patria a la vida independiente, surge dentro de las primeras normas aprobadas, la formación de una Comisión Topográfica (3 de diciembre de 1831) que, entre otros primeros cometidos tuvo el de patentar y habilitar a los Agrimensores para el ejercicio de su profesión.

El día 21 de mayo de 1822 Don Juan Pedro Aguirre llega a la zona de Castillos con el Decreto que especifica los pasos a seguir y que contiene órdenes expresas para el Alcalde de la jurisdicción. Lo primero que debe determinar dicho alcalde es si el terreno en posesión de Manuel Álvarez es o no realengo y para ello deberá recabar testimonio de los vecinos más antiguos además de nombrar un “piloto agrimensor de ésta provincia”. Cumpliendo con la orden, el Alcalde y Juez Comisionado Don José Molina, nombra como piloto agrimensor a Josef Rueda y cita a los vecinos con mayor antigüedad en el pago: Don José Rodríguez, Don Miguel Nogueira y Don Pedro González. A todos ellos les exige juramento, “que hicieron por Dios nuestro Señor y una señal de Cruz bajo la cuál prometieron decir verdad en cuanto supieren y les fuere preguntado”, según consta en el Acta. A Don José Rodríguez el Alcalde le pregunta: ¿conoce por realengos los campos en que se halla poblado Don Manuel Olivera ó si le consta que este los posea con documento de legitimidad desde que tiempo? Respuesta: “es constante que toda corrección de terrenos que se daban en aquellos tiempos eran interin el Rey no los necesitase y me consta hace 23 años se haya poblado Don Manuel Olivera en los campos que disfruta cuya donación le fue dada por el comandante que lo fue en aquel tiempo Don Agustín de la Rosa siendo todo cuanto tengo que decir” Agregó, Don José Rodríguez, tener 68 años de edad.

El mismo 21 de mayo de 1822 el Juez hizo comparecer al segundo testigo: Don Miguel Nogueira a quién se le preguntó ¿conoce o tiene idea que el terreno que se la ha hecho mención haya tenido, antes que lo disfrutase Manuel Olivera, dueño que lo pueda reclamar? Respuesta: “conozco dicho campo hace como 16 años y no he conocido otro dueño sino Don Manuel Olivera.” Dice, Miguel Nogueira, ser de 27 años de edad. Seguidamente compareció ante el Juez el tercer y último testigo, Don Pedro González, a quién se le pregunta ¿conoce los campos en que se halla poblado Don Manuel Olivera por realengos o ha conocido antes que éste a algún otro antiguo poseedor? Respuesta: “esos campos los conocí del Rey hace el espacio de 40 años y me consta los posee con documento de legitimidad Don Manuel Olivera desde hace 28 años poco más o menos” Nogueira afirmó tener 55 años de edad.-

En virtud de resultar realengo, el terreno que posee Manuel Olivera, y para cumplir con los pasos posteriores (mensura, tasación, etc) el Juez-Alcalde del partido de Castillos nombra como escribano a Don Natalio Molina “y para dar cumplimiento a ésta operación nombro por peritos, inteligentes vecinos antiguos y de probidad de ésta jurisdicción, a Don José Rodríguez y a Don José Lino Baldovino”.-

El día 21 de mayo de 1822 fue, sin dudas, una jornada muy activa en la zona ya que: se convocó a los vecinos a dar testimonio, se nombraron los peritos, se convocó el piloto agrimensor, se nombró el personal que debía trabajar en la “mensura” y ese mismo día se comenzó con el trabajo de campo.



ACTA.-

En el propio día mes y año (21 de mayo de 1822) yo el Juez, pasé asociado del Piloto Agrimensor y Escribano que actúa acompañado de los que consta por las diligencias anteriores al punto de arranque dónde se halla un mojón lindero con Mariano Arguello y Juan Cardoso y en él hice leer la Superior Providencia así como el documento de Don Manuel Olivera, exigiendo de los linderos los de su propiedad; contestó Arguello con el suyo dado por el mismo Comandante con diferencia de un día y éste sin mensura ni otro dado que una declaración simple; que el mojón que se les presentaba era colocado sin actuación judicial y si un convenio entre partes; y Cardoso contestaba hallarse sus documentos en la Capital de Montevideo y que cuanto al marco(expresa lo mismo)conociendo por su lindero el arroyito del Sauce. Indeciso éste punto prefirió otro el agrimensor por punto de arranque según la dirección y curvidad de dicho arroyo dónde se colocó un mojón demorando por indecisión de él. La población de Don Manuel Álvarez de Olivera al Sud ocho grados Oeste la apuntamos Sudeste de la Sierra de Chafalote al Sud cincuenta y cinco grados oeste en donde entre palmas se puso el mencionado marco dejando al anterior arbitrario. En él hice al agrimensor los cargos de su facultad los que admitió en debida forma y prometió responder a la superioridad de la operación, poniendo de manifiesto una duja náutica y una cuerda de cáñamo qué medida por mí, con la vara de la provincia, tiene sesenta y nueve varas. Enseguida la entregué el documento de propiedad por dónde debe operar; nombré como contadores de cuerda a don Miguel Zalayeta y don Pedro González quienes aceptaron y juraron el cargo de su comisión; y de éste punto al rumbo Norte ochenta grados Este se midieron cincuenta y una cuadras treinta y cinco varas lindando por el lado Norte con Mariano Arguello, sin oposición alguna; habiendo encontrado por ésta dirección un mojón supuesto que hizo el Agrimensor colocar en la expresada distancia en las inmediaciones de una palma sola, un esteral, inmediatamente los médanos de la costa, y por ser horas competentes concluyó por ese día la operación lo que pongo por diligenciado firmando el Agrimensor y demás nombrados.

Firman: José Molina – Josef Rueda (piloto Agrimensor) – Miguel Zalayeta –
A ruego del contador de cuerda Pedro González por no saber firmar:
Vicente Acosta.- Natalio Molina Escribano.-



DIA 21 DE MAYO DE 1822: Se miden en esa jornada cincuenta y una cuadras y treinta y cinco varas. La vara de provincia correspondía a 0.859 metros y la cuadra tenía 100 varas ó sea 85.90 metros. Por lo tanto la línea medida en el primer día de trabajo alcanzó los 4.410 metros 965 centímetros.



ACTA.-

Yo el Juez comisionado asociado con el susodicho Agrimensor, Escribano y demás suscritos, nos dirigimos al mojón del día anterior donde, siguiendo la costa de la mar, medí la cuerda y siguió la operación el Piloto al rumbo Sud recto una legua cincuenta y tres cuadras diecinueve varas hasta encontrar la inmediación de los médanos de la Barra del Arroyo Castillos en la ensenada de éste nombre y por no poder seguir su curvidad, por encontrarse esteros crecidos y pasos inconmensurables, nos dirigimos de éste al punto de Balizas quedando por costado siempre el precitado arroyo y medida la cuerda cuarenta varas y tres cuartos, y de éste punto al rumbo Sud sesenta y cinco grados Oeste, dirección a Balizas, se midieron una legua diez cuadras treinta y tres varas, habiendo encontrado a las sesenta cuadras una Barra pequeña de un arroyo que entra en el prefijado que nace de un esteral inmediato a la Barra en que se une el arroyo con la Laguna. Se colocó la duja para deslindar de éste punto al de la Guardia del Monte haciendo un arco enfrente la configuración de la Laguna, compuesta de monte; se midieron al Noroeste una legua y cuarenta y seis cuadras dónde se halla un árbol ombú que fue de la expresada Guardia; al prefijar en éste punto el mojón se opuso a su colocación el lindero Don Juan Cardoso quién verbalmente expuso se le perjudicaba y siendo esta la distancia de dicho punto a la punta del monte se convinieron ambas partes en colocarlo en la misma dirección partiendo la diferencia, dónde se colocó quedando conformes. De éste para separar el último lado de la figura nos dirigimos al punto de arranque al rumbo Norte cincuenta grados Este una legua veintisiete cuadras y con él concluyó la operación sin más oposición que la expresada. Cuya operación geométrica manifiesta con más claridad el plano matemático que a éstas diligencias acompaña el Agrimensor. Lo que pongo por diligenciado firmándola conmigo el referido Agrimensor, contadores y el Escribano.-



DIA 22 DE MAYO DE 1822: En el segundo y último día de trabajo se mide con una cuerda una distancia, “siguiendo la costa de la mar”, de 9.723 metros y 21 centímetros entre las inmediaciones del hoy Aguas Dulces y Barra de Balizas más 6.041 mts con 347 cms entre la hoy Barra de Balizas y la Laguna de Castillos, más 9.105 metros con 40 centímetros desde la costa del hoy arroyo Balizas y el arroyo del Sauce, más 7.473 metros con 30 centímetros desde éste último punto al del inicio(zona hoy conocida como Paso de los Adobes). En total se midieron 32.343 metros con 257 centímetros (más de 32 kilómetros) con una cuerda de cáñamo que medía casi 60 metros EN UN SOLO DIA!!! Cosa que parece humanamente imposible se pudiese haber hecho en aquella época y aún en nuestros días. ¿Cuánto tardaría hoy un Agrimensor en relevar ésta misma zona? El piloto Agrimensor Josef Rueda elabora un plano y en base a él calcula el área de los terrenos de Manuel Olivera y lo comunica por escrito a los tasadores.

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blog_content_imagePLANO QUE MANIFIESTA LA MENSURA DE LOS TERRENOS DE DON MANUEL OLIVERA ÁLVAREZ
El pentágono ABCD menos el triángulo FAB resulta el cuadrilátero FDCB y por ser casi regular la multiplicación de la suma EB más DC por ser casi paralelas multiplicadas por la mitad de la altura AF componen 27000 y 1/3 cuadras cuadradas y siendo los numerales 2 y 3 de considerable superficie bañados y esteros inconmensurables, improvechosos, quedan por total de área dos suertes de Estancia y tres cuartos lo que pongo de manifiesto a los tasadores para su conocimiento. Y estando sujeta ésta operación a todas reglas Trigonométricas respondo de ella en todo Tribunal Facultativo.
Firma Josef Rueda

DIA 23 DE MAYO DE 1822:
Habiéndose concluido las diligencias de mensura, dio principio a la formación del plano, y por él concluir su labor el facultativo y hacer ver a los tasadores el Área a donde deben arreglarse, además de sus conocimientos para el desempeño de sus cargos; y en virtud de habernos puesto de manifiesto la cantidad de superficie con arreglo a ella, que eran dos suertes de estancia y cuarenta y cinco cuadras. Hechos cargos de la configuración y condiciones del campo que se nos manda tasar y arreglados a las instrucciones unánimes decimos: que estando ocupado de grandes bañados y esterales, pobres de pasto, pocas aguadas por ser la Laguna con quién linda agua salobre, escaso de monte y demás circunstancias buenas que son para la cría de ganados a los hacendados, bajo éste principio y conocimiento, de mancomún lo tasamos y prefijamos su precio en cantidad de quinientos pesos, en lo que se afirman y aseguran bajo su leal saber y entender y por el juramento que tienen prestado. Y para que conste lo firman conmigo el Agrimensor y Escribano con quién autorizo.
Firman: José Rodríguez – José Lino Baldovino – José Molina – Josef Rueda – Natalio Molina, escribano.

NOTA:
Aunque se advierte que en las diligencias practicadas son extendidas a nombre de Don Manuel Olivera, por haber tomado el tercer apellido en lugar del segundo, siendo su propio nombre y apellido y legítimo dueño del documento por donde se ha operado Don Manuel Álvarez de Olivera y para obviar dudas en lo sucesivo se esclarece en ésta actuación y para su conocimiento lo firmo yo el Juez, piloto agrimensor y Escribano con quién autorizo.
Firman: José Molina (Juez-Alcalde del partido de Castillos)
Josef Rueda (Piloto Agrimensor)
Natalio Molina (Escribano)

El expediente formado partió a la Capital de Montevideo el 27 de Julio de 1822 siendo certificado y firmado por el Agente Fiscal Dr. José Ellauri y el Capitán General Barón de la Laguna el 31 de Agosto de 1824. Posteriormente es elevado a la Junta Superior de Hacienda para que el campo sea nuevamente tasado, designándose a los Sres. Manuel Pérez y Félix Sáenz para tal efecto. El día 8 de abril de 1825 Sáenz y Pérez tasan el campo en exactamente el mismo valor que se había tasado 3 años antes, es decir, $500 (quinientos pesos). Los acontecimientos ocurridos en éste suelo entre 1825 y 1830 hacen que la familia Olivera centre su “atención” en otros temas. Recién en 1833, concretamente el 17 de enero de ese año, Aguirre vuelve a presentarse ante la Fiscalía de la Nación para finalizar el trámite, pagar los 500 pesos y obtener el título de propiedad para Don Manuel Olivera (ya fallecido en 1831). El Fiscal resuelve que previo a recibir el dinero por la propiedad, el PLANO elaborado en 1822 pase para su estudio a la Comisión Topográfica.

Dicha Comisión se creó por Decreto de 3 de Diciembre de 1831, en forma inmediata, el 19 de Diciembre del mismo año, se dicta otro Decreto que reglamenta las atribuciones de la referida Comisión. Este Decreto reglamentario, cuyo texto se transcribe en el apéndice de este trabajo, tiene por características más salientes las que se mencionan a continuación.

1) Organizar un archivo de planos de mensura, que habiéndose conservado e incrementado con el tiempo en el número de planos que custodia, constituye al presente un importantísimo tesoro que atestigua mediante los documentos que contiene, la proficua labor desarrollada por los Agrimensores en el país, desde aquellos tiempos hasta el presente, en forma ininterrumpida. Al presente, este archivo de planos se identifica como Archivo Gráfico de la Dirección Nacional de Topografía del Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

2) Ser el primer paso para la formación de la Carta del territorio nacional. Para ello se procuraba reunir toda la documentación gráfica que permitiera servir como base para la formación de la misma.

3) Constituir el primer intento de organización de un catastro parcelario en el país, creando dos registros, uno escrito y otro geométrico a partir de las mensuras que se practicaran en el territorio de la República.

4) Regular la actividad de la Agrimensura en el país. Para ello se le encomendaba la fijación de métodos y el establecimiento de responsabilidades a quienes realizaran las operaciones. Con ello se encomendaba a la Comisión la facultad de habilitar a quienes hasta entonces habían ejercido la profesión y a quienes fueran a hacerlo en lo sucesivo.

Pero de la lectura del propio Decreto se desprenden además, una serie complementaria y extensa de tareas encomendadas a la Comisión Topográfica que desde sus inicios dependió jerárquicamente del Ministerio de Gobierno. Es así como se le encomienda: la determinación de posiciones, lo relativo a límites y demarcaciones de tierras tanto públicas como privadas, realizar trabajos profesionales para el Gobierno, dar información y asesorar a los Tribunales de Justicia, trazar una meridiana en la capital como base para corrección de la brújula, supervisar los trabajos de mensura.

El primer presidente de esta Comisión Topográfica fue el Agrimensor José María Reyes y quien a su vez figura en el registro de Agrimensores con el número uno.

Hoy día la tarea de relevamiento del territorio se obtiene mediante la aplicación apropiada de técnicas inherentes a distintas disciplinas. Tal el caso de la Topografía, la Geodesia y la Fotogrametría para mencionar las más tradicionales. Los especialistas en estas disciplinas son el Topógrafo, el Geodesta, el Fotogrametrista. Al presente en sentido amplio que comprenda todas ellas se hablaría del Geomático. Cada uno de ellos en su especialidad conoce como medir o sea las operaciones necesarias para lograr un adecuado relevamiento de datos, su posterior procesamiento y su ulterior volcado a un documento gráfico. El Agrimensor, es el profesional que conociendo las técnicas necesarias para llegar a un resultado análogo, sabe además, las normas que rigen la propiedad inmueble y que le permiten conocer hasta donde medir.

Precisamente es el primer Agrimensor de éste País el que estudia el plano elaborado por el piloto Agrimensor Josef Rueda en el año 1822 y el que elabora el siguiente informe:



Montevideo 26 de enero de 1833.

La Comisión Topográfica ha examinado la mensura y plano que se registra en éste expediente y aunque de éstos documentos es IMPOSIBLE deducir exactamente el área del terreno mensurado por haberse practicado las operaciones sin sujeción a método alguno conocido, no obstante, ella ha arribado a fijarla aproximadamente en tres leguas cuadradas más mil quinientas cuadras cuadradas.
Firma José María Reyes



El primer Agrimensor que tuvo éste País cuestiona en 1833 el plano elaborado en 1822 “por haberse practicado las operaciones sin sujeción a método alguno conocido”, plano que recordemos es utilizado en 1992 por el Estado para apoderarse de los arenales de la Sucesión de Manuel Olivera (padrón 1645). José María Reyes determina, en el año 1833, que la extensión de la propiedad de Manuel Olivera equivale a 9.075 hectáreas (una legua cuadrada: 2656 has, una cuadra cuadrada: 0 ha, 7378 mts) las que llevadas hoy en día a un plano incluyen no solo el campo sino también los arenales.

El expediente sigue su curso (con las observaciones de la Comisión Topográfica) y pasa a la Contaduría General la que debe resolver el tema y recibir el importe de la tasación. Pero aquí se genera un problema, ya que no se aclara por parte de la fiscalía desde cuándo se debe cobrar el interés anual. Concretamente dice: “se necesita que resuelva Vuestra Excelencia si el 7% de interés anual que se carga sobre el valor de la tasación debe entenderse desde Noviembre de 1793, en que por el Comisionado Territorial se puso en posesión a Don Manuel Álvarez ó desde Mayo de 1822 con que fue considerado y admitido en denuncia según la vista Fiscal…” El tiempo pasa y al tema del interés anual nunca se le determinó la fecha y el expediente quedó archivado. Es decir, quién estuvo omiso fue el propio Estado quién a su vez reconoció la posesión del terreno (todo, arenales incluidos) por parte de Manuel Olivera. En base a esa posesión pública es que los campos del hoy “Rincón de los Olivera” tienen sus títulos en regla y con la debida salida fiscal (incluidos los bañados y esteros dejados fuera de la mensura de 1822, al igual que fueron dejados los arenales, pero que estos últimos hoy pertenecen al Estado).

Pablo Quintana.

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