MEMORIAS DE AGUAS DULCES
MEMORIAS DE AGUAS DULCES

“Aunque sólo existiera una verdad única, no se podrían pintar cien cuadros sobre el mismo tema” Pablo Ruiz Picasso – Pintor español (Málaga 1881 – Mougins 1973)

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PALAFITO DE LOS TANTOS QUE EL MAR SE LLEVÓ

A través de este y los demás trabajos publicados de la costa atlántica, evoco a todas las mujeres, hombres y familias que fueron la génesis de los balnearios de Aguas Dulces, Valizas y Cabo Polonio.

INTRODUCCIÓN


El presente trabajo está compuesto por rescates de historias orales de más de una década, difundido en los programas radiales “Al Ritmo de la Vida” y “Punto Azul”, emitidos en las emisoras “Atlántica” que por cosas del destino pasó a llamarse “Universo AM” y en Canal 8 Cable Castillos; el último programa mencionado en “Esteña Fm”. Para ello se contó con el apoyo institucional de la ONG. Casa Ambiental.

A ellos muchas gracias, porque me dieron la oportunidad de introducirme en el mundo mágico del rescate de numerosas historias orales, fascinantes e increíbles por su riqueza, recoger en una cinta los episodios vivenciales que acontecieron mucho tiempo atrás y que fueron trasmitidos de generación en generación; resulta un aprendizaje invalorable en lo personal.

Mi aula “universitaria” fueron los caminos y rutas de los pagos de Castillos, en el palmar, en un rancho de campaña, en el galpón de los arreos o bajo un higuerón, en una casa de las tantas de mi querida y entrañable ciudad butiacera o en otros espacios.

Mis profesores universitarios fueron peones de campo, pescadores, antiguos loberos, hombres que optaron por vivir a lo montaraz… hacer comprender a las nuevas generaciones, a los visitantes que sus historias y vivencias tienen un gran valor; el conocimiento empírico es una fuente del saber, es una herencia que recibimos todos.

Hoy esas voces que no son mías, están en la Universidad de la República, Regional Este Rocha, para que el conocimiento universitario se amalgame con el conocimiento empírico que celosamente guardaron durante mucho tiempo mis hermanos castillenses.

También debo decir que amplié mis conocimientos, fui interesándome en particular con la historia nacional y de la Patria Grande en cientos de textos. Me interesó mucho la historia no maquillada, aquella a la que han pretendido poner una lápida de silencio.

De lo leído y que comprenden al objeto de este texto de ‘Aguas Dulces al Polonio’, están incorporadas las transcripciones parciales de documentos relatados en un tiempo inmediato de los acontecimientos. Se incluyen además, narraciones publicadas en medios de prensa por avezados investigadores y que enriquecen al conocimiento de hechos sucedidos en estas costas.

En los programas de comunicación radial y televisiva también participaron profesionales universitarios de distintas especialidades, docentes, instituciones del medio, representantes políticos departamentales y nacionales; todos ellos son fuente de conocimiento y de ella bebemos sus saberes. Esto me produjo el encuentro de dos mundos, de realidades distintas que curiosamente tienen sus puntos de coincidencia; con la riqueza vivencial que solo se aprecia cuando escuchamos a quienes nos relatan, tienen raíces muy profundas.

El recoger la historia oral nos acerca más a nuestra sociedad donde hay afectos, emociones, espiritualidad, que al ser difundidos por los medios ut supra mencionados generaron interés en nuestra comunidad. Se sintieron identificados según los tópicos que se trataran, pasaron a ser protagonistas de los relatos, a estrechar vínculos de interés y de saber más.

Es obvio que existen momentos de la historia que se fueron con el transcurso del tiempo. También no se pudo entrevistar – por diversas circunstancias - a todas las personas que tienen sus testimonios para relatar y está en nuestro ánimo recoger esos episodios de vida que enriquecen y fortalecen nuestra identidad.

En este trabajo sólo soy una herramienta, los autores son todos aquellos que la contaron y a los que no les saco ni un punto ni una coma, porque ellos son tan capaces y creíbles como muchos otros ciudadanos que tienen las herramientas adecuadas para trasmitir sus saberes. Lo importante es que cada comunidad cuente y plasme su historia, nos retroalimentamos, y eso nos podrá conducir a nuevos desafíos, formas de ver y cómo nos proyectamos hacia el futuro.

La diferencia entre la historia oral, que es la memoria del pueblo y la oficial nos hará repensar cuál es en esencia nuestra historia, que se unan los conocimientos de la Universidad de la Vida con la Universidad de la República, que ya han marcado un trecho de convivencia. No dejemos que el tiempo nos cubra con la pátina del olvido. A todos los protagonistas MUCHAS GRACIAS!

Néstor Rocha



"FUE"

Un día de un mes de un año de la década del 1950, cuando conocí al balneario Aguas Dulces, aún no había ingresado a la escuela, no tenía la edad para asistir a ella.

Mi universo era el barrio Ventura incluido el Abasto de la ciudad de Castillos, el transcurrir de nuestros días eran los juegos propios de los niños de cuatro o cinco años; en este lugar el eje de nuestros pasatiempos era el Puente de “Beto” Pérez por donde el agua discurre perezosamente y se llama cañada Soba, salvo en los temporales en los que muestra otro “carácter”…

Nuestros pasatiempos eran la pesca en la cañada y jugar con los camioncitos hechos con las latas de dulce de membrillo “Mimosa” o “Para Ti” o de las de Aceite “Optimo”, “Aurora”, “Don Eliseo”, con ejes de palos de escobas y ruedas de las latas de pomadas de zapatos por nosotros llamados “satinolas” o las de paté Frigonal, o carretes de madera de hilo marca Cadena, o ruedas que se creaban a partir de varas redondas, parejas…

Las cometas de papel con las cola de trapos y su estructura de caña común, engrudo, y piola cometa, la creatividad y los colores no estaban ausentes; para los de nuestra edad los artífices eran nuestros padres. La payana, el trompo, monopatín, el andador…

El fútbol – ineludible - amantamos este deporte casi desde el nacimiento; a mí me acompañó una vieja pelota de caucho que por su uso estaba llena de poros y era con la que jugábamos y cuando caía en la cañada y el agua se la llevaba salíamos corriendo para meternos y rescatarla, cosas de “gurises”…

Por el barrio pasaban los carretones desde el abasto, a pasos cansinos y sus ruedas bamboleándose, “descaderándose el carretón”, acarreando carne para las carnicerías de la ciudad. Por el barrio habían vendedores ambulantes, el verdulero Aparicio Rebollo, la Jardinera de Ariosvaldo Rodríguez que repartía el pan, bizcochos… de la panadería de José “Pepe” Debat.

El carretón de venta ambulante de carne de Don Modesto Silva, de otro señor que vendía chorizos y los transportaba en canasto de mimbre, como los repartidores de pan a pie. El lechero con su carro lleno de tarros de leche, invierno… verano… siempre llegaba al mediodía; si no se estaba se le dejaba la olla y el dinero, proveía de leche y luego la dejaba en la cocina, las puertas de los vecinos estaban abiertas, sin llaves…

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Un sábado, de un mes de un año de la década del 1950, observé a mi madre elaborando diversas cosas para comer, fuera de lo usual para alimentarse en un día. No era el cumpleaños de nadie y no se acostumbraba, porque las necesidades eran muchas y la plata más que escasa…

En un horno de primus se hizo una pizza y una torta; en una olla, ruedas de chorizos asados al vapor, y en otra, boniatos con cáscara previamente lavados también cocidos de la misma manera. Los boniatos de la olla estaban tapados con hojas de zapallos, amén de utilizarse papeles de estraza o de diario. No había en casa horno a leña o Volcán, todo era en base al primus. En aquellas épocas el boniato al vapor no sólo se utilizaba para acompañar el almuerzo, sino que sustituía al pan cuando se tomaba la leche, no todos podían comprar pan…

Llegó el día siguiente, domingo. Muy temprano estábamos reunidos en el Puente de “Beto”, o por ahí más o menos, algunos vecinos del barrio con sus preparativos. Estacionó la camioneta de Leónidas “Toto” Castellanos, comerciante del barrio y operario del abasto municipal, armador de la excursión; al volante Daiver “Tigre” Rocha mecánico de profesión; los asientos para los pasajeros eran unas tablas sobre unos casilleros de aquella cerveza “Doble Uruguaya” en la carrocería. Ahí nos acomodamos, recuerdo que mis padres guardaron sus cosas en un cajón de los que traían las barras de jabón Artigas; el agua en damajuanas de vidrios.

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Partimos rumbo a Aguas Dulces por la vieja ex calle Acosta, cruzamos el camino de “Las Tropas” hoy ruta 9, que bordea a la ciudad de Castillos. Desde aquí tomamos la ruta nueva – de balastro – a Aguas Dulces, una sensación de eternidad me embargó por la ansiedad de arribar al balneario… Se llegó hasta donde se pudo. Una vez que descendí del vehículo me dejaron perplejo los médanos, su color, altura, textura, los árboles achaparrados de las acacias, semitapadas por la arena; el fuerte murmullo, cadencioso, de algo que estaba tras las dunas.

El sol tomaba altura sobre aquel cielo azul de este domingo de uno de los años de la década del 1950, puedo afirmar de mí que estaba “eléctrico” por saber qué había detrás de los médanos, el temor, el llamado de atención de mis padres me contenían mientras todos acomodaban debajo de las acacias los bolsos, las damajuanas, armando los bancos con las tablas y los casilleros que se traían en el vehículo.

Llegó el momento… siguiendo las huellas que ascendían el médano, empecé a ver – como quien orejea una carta – algo totalmente inesperado para mí, una inmensidad de agua que se perdía allá en el horizonte con el cielo, a la izquierda el infinito, a la derecha unos grandes médanos ponían límites, las islas…; que sorpresa! nada que ver con la cañada Soba.

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Unos ranchos construidos totalmente en paja, sobre palos ¿…? Entonces se me explicó que eran palafitos, estas viviendas tenía el fin dejar pasar el agua cuando la mar crecía y evitar la destrucción de la vivienda.

Así conocí a Aguas Dulces, mi Aguas Dulces; supe después que donde acampamos eran las arenas de mi bisabuelo Procopio Rocha.

Desde la época de la conquista y colonización europea de este continente por ellos bautizado América, a lo largo y a lo ancho de sus pasos en tierras que les eran ajenas, se apropiaron inmutablemente de todos los bienes, borraron nombres, exterminaron expresiones lingüísticas, impusieron las suyas… Por ejemplo, nada sabemos de cómo las comunidades humanas autóctonas y verdaderos dueños de esta tierra denominaban a estos lugares…, solamente nos quedaron piezas arqueológicas de sus artes de caza, culinarios, otras piezas y… nada más.

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En mapas antiguos y según su emisión se conocían las siguientes denominaciones: costa de Castillos, Arroyo y Barra de Castillo Grande -es lo que hoy conocemos por Valizas- la denominada ensenada de Castillo Chico que servía de protección a embarcaciones de poca envergadura, ante las inclemencias del tiempo fondeaban “los correos de España para dejar los correspondencia, cuando los pamperos no les permitían alcanzar el puerto de Maldonado, ó la Ensenada de Castillos Grandes donde fondeaban” (O. Araújo)

Ensenada de Castillo Grande: “Es el pequeño seno que se forma al O. de la punta del mismo nombre, y cuyo límite oriental lo constituye la punta del Marco. En esta Ensenada, que es mucho más espaciosa y abrigada que la de Castillo Chico, puede fondear cualquier embarcación que tenga por objeto resguardarse del tercero y cuarto cuadrante , cuidando de sondar antes de dejar caer el ancla, para que no dé sobre un rodal de piedra que, aunque pocos, los hay en este trozo de costa..”. “El Islote de Castillo Grande (hoy Isla del Marco) y Castillo Chico (en la actualidad Iisla Seca) “…El primero se designa con el nombre de Castillo Grande, para diferenciarlo del Castillo Chico antes mencionado. Deriva el nombre de Castillo de una gran piedra blanquecina que en su extremidad SE. se eleva en forma de torreón muy notable, y que a primera vista se parece á un buque de vela. Al segundo islote, que es de menor tamaño, le llaman isla Pedregosa, y también isla de Tierra…” (O. Araújo)

Peñón de Castillo Grande “…La Punta de Castillos Grandes, llamada hoy unánimemente punta del Diablo, hízose en verdad célebre en la historia política de España y Portugal, en la pasada centuria…” (Nota: esta última denominación es antes del 1900, es decir siglo 19, y el Tratado de Límites en el siglo 18))

La información de los cuatro párrafos anteriores entrecomillados se obtuvieron de la magnífica obra de Orestes Araújo, autor del Diccionario Geográfico del Uruguay editado en 1900, en la que cita a Lobo y Ruidavets – Manual de Navegación.

Punta del Castillo Chico que luego pasó a conocerse como La Carolina, hoy según cartografía del Servicio Geográfico Militar se denomina Punta de los Loberos Hoja II – 24.

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Cito una del sin número de versiones de los conquistadores en cuanto al “bautismo” de Castillos: “Castillos” llamaron desde antiguo las gentes de mar a un punto de las hermosísimas inmediaciones del Cabo Polonio, en atención a unos granitos puntiagudos de la costa que vistos de lejos parece una badia encantada o unas defensas del medioevo como si estuviera llegando a la Rochele o a Saint Michele.

Sin duda, la erosión y las arenas acumuladas por el viento, han cambiado y cambiarán indefinidamente la morfología del lugar, pero la evocación de esos castillos de la fantasía clavó para siempre su nombre en el poblado que se iba formando detrás…” (1)



AGUAS DULCES

Cachimba Aguas Dulces “Manantial que existe en la playa misma de la Ensenada de Castillos, al Norte de la barra del arroyo de Valizas. No será, por lo tanto, la aguada que describe Lobo con las siguientes palabras: En la rinconada que forma la costa al pie del cerro de Bella Vista, hay un manantial de agua muy buena, de la que pueden proveerse fácilmente los buques. Hoy no aparece: habrá sido quizá cubierto por los altos médanos que bordean de muy cerca al mar.” (2)

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El Agua Dulce o Aguas Dulces para sus pobladores permanentes o estacionales, ya sean de Castillos o de otros lugares, amantes del balneario, atesora infinidad de vivencias, emotivos recuerdos; para los que conocemos desde mucho tiempo atrás este lugar, el Profesor, poeta y artista plástico Humberto Ochoa nos lleva con su pluma literaria a tiempos idos, que puede ser ayer, cuando nos dice:

AGUAS DULCES…

Amo tu tiempo, sin horas
Amo tu arena…
Tu cielo…
Y el algodón de tu espuma
Sobre el vaivén
De las olas…

Amo el silencio tan tuyo
Sobre un arenal
De tiempo…
Amo tu costa extendida
Como una alfombra
A los vientos…

Amo tus ranchos, tu gente
Tu sencillez…
Tu donaire…
Y el intrincado planteo
De tu “urbanismo”
Y tu caos…

Será porque así te siento
Porque eres algo
Tan mío…
Como mis versos,
Mis sueños…
Como mis penas
De estío…

Quiero decirle a los vientos
Y que pregonen
Sin rumbo
Tu mundo de arena y sal…
Tu salitre…
Tu candor…
Y que todo el mundo sepa
Que atesoras Aguas Dulces
Paz, belleza, luz y amor…

El balneario Aguas Dulces en sus orígenes se perfiló con características únicas y atípicas respecto a otros balnearios de nuestro país. Previamente a su urbanización era un conjunto de viviendas de paja, junco y troncos en las arenas fiscales y los médanos. Luego por 1930 se efectuó la plantación de árboles: pinos, acacias y eucaliptos; de esta manera se mezcló otro ingrediente al paisaje del balneario. Todos estos elementos fueron dando una estampa singular a Aguas Dulces a través del tiempo y sus transformaciones.



LA BARRERA FORESTAL

En el siglo 19 ya era preocupación la dispersión de las arenas por la acción de los vientos generando perjuicios en campos productivos adyacentes a la costa atlántica. El Poder Ejecutivo remite al Consejo de Estado en agosto de 1942 un proyecto de Decreto Ley relativo a la forestación, a los efectos de formar una barrera de contención a las dunas costeras. El transcurrir del tiempo demostró los perjuicios que generó al sistema de dunas. ¿Quién goza de mayor inteligencia, el hombre o la naturaleza?

Transcribo algunos fragmentos de la fundamentación del proyecto de Decreto-Ley enviado por el Presidente de la República Alfredo Baldomir al Presidente del Consejo de Estado Ingeniero Don José Serrato: “El Poder Ejecutivo tiene el agrado de dirigirse al Consejo de Estado de su digna presidencia para someter a su ilustrada consideración el adjunto proyecto de decreto-ley, autorizando la adquisición de unas seis mil hectáreas de tierras, situadas en el departamento de Rocha, en las adyacencias del Cabo Polonio, actualmente improductivas en su mayor parte, que serían destinadas a la formación de un gran Parque de reserva forestal sobre la costa atlántica…”

El mensaje al Consejo de Estado hace referencia a los beneficios de la plantación de árboles tomando la opinión del Ingeniero Miguel Quinteros “…El bosque regula y sanea el clima y es un retentor del agua de lluvia y de la tierra de los aluviones.

Los bosques embellecen el paisaje de la estepa gramínea uruguaya, conservan, limpian y refrescan las aguas de los arroyos; protegen del frío, del sol y de los vientos casi toda la fauna nativa, los animales domésticos y los cultivos…”

Prosigue la fundamentación del Poder Ejecutivo: “…Plantarlos en las sierras y en los cerros para evitar su denudación, en las islas y los bañados para acrecer su utilidad, en las dunas para fijarlas y evitar su avance hacia la estepa gramínea…” El 14 de agosto de 1942 el Consejo de Estado promulgó el Decreto-Ley de expropiación de dos zonas contiguas de la 8ª y 4ª Secciones Judiciales del Departamento de Rocha. (3)

Joaquín Rocha Méndez Blanco “Satito” conoció a Aguas Dulces cuando las viviendas eran ranchos, mayoritariamente palafitos. Para él las construcciones de material en la costa “encajonaron”al mar. Las plantaciones de árboles que se realizaron próximas a la costa, creando una barrera para detener el avance de las arenas sobre los campos son un agravante más a la situación planteada, según su opinión. Por esas épocas, Rocha Méndez Blanco recuerda a unos familiares de Celedonio Sena que cortaban juncos o capices y formaban atados de diez centímetros de grosor y a unos hermanos López, que lo cargaban en camiones y lo llevaban al Mercado Modelo de Montevideo, para los quinteros de Montevideo y Canelones principalmente, quienes lo utilizaban para el atado de verduras.



LOS PALAFITOS

Las primeras viviendas construidas en la costa fueron, como reseñábamos previamente, de paja, juncos y sobre palos, donde el agua de mar iba y venía; se los denominaba palafitos. Esta imagen fue motivo de numerosas postales que nos identificaron por mucho tiempo, por diversos lugares del planeta.

Muchas de ellas tuvieron nombres sugestivos y uno de los últimos testimonios que nos quedó hasta hace poco tiempo fue ‘DE PURO GUAPO’, ya que durante muchos períodos desafió los embates del mar; hasta que un día no tuvo la fuerza necesaria y se rindió para siempre a un océano embravecido por los vientos Sur y Sudeste, con temperaturas de cero grado y con sensaciones térmicas por debajo de este nivel, que comenzó el sábado 20 de julio de 1996. Este fue uno de los numerosos ejemplos de la desaparición de palafitos de la costa aguadulceña. Ese aciago 20 de julio se llevó consigo más de una decena de viviendas de Aguas Dulces y numerosas viviendas maltrechas en Barra de Valizas donde también ocasionó numerosos destrozos pero amparado por los altos médanos y el Cerro Buena Vista.

“De Puro Guapo” formó parte de los numerosos palafitos místicos del balneario, estaba en las proximidades del local bailable La Terraza. “De Puro Guapo” fue imagen de numerosas publicaciones, inspirador de artistas plásticos y testigo mudo de romances nocturnos cuyo germen fue en la costa o La Terraza… Hubo otros palafitos, entre ellos “Borracho Con Flores”, “Noctilucas” de Hugo Baraldi, “Los Aromos” de la familia Prieto, “El Sabañón” que fue reformado y le modificaron el nombre, pasó a ser “Medio Sabañón” y un sinnúmero de palafitos sin nombre…

Hoy aún subsisten algunos palafitos del ayer de Aguas Dulces; el que perteneció a Romualdo Rocha en las proximidades de la Terraza, y otro, el de José María “Chico” Cardoso, rematador de caballos de carreras, en las proximidades del desagüe en la costa de la cañada que pasaba a pocos metros de la Comisaría vieja. Al palafito que era de “Chico” Cardoso lo ha tenido a mal traer los vientos del Sur y Sudeste, en consecuencia las grandes arremetidas del mar lo ha tenido a punto de derribar, pero sigue parado; le ponen nuevas riendas, horcones y sigue estoico, “haciéndole pata ancha a los vientos, de puro porfiado” afirma un vecino.

Raúl Torres Gabito refiriéndose a ésta casa de veraneo, señaló: “está ahí desde 1958/1959, lo mandó hacer Daoiz Rubio luego lo adquirió José María Cardoso y el gringo Rondoni le puso los postes de piedra que son los que lo han hecho tan fuerte frente a las crecidas…” Éste rancho en el porche que da al mar esta escrito un epitafio pronosticando una muerte anunciada:

“Viejo rancho que te vas
Quizás ya no te vuelva a ver
Contigo desaparecerá toda una generación
De guapos contra el mar
Cansado de pelear más de mil batallas
Que ya te he visto ganar, un paso al costado querés dar,
Como queriendo reposar, pero sabiendo
Que hasta lo último has de aguantar.

Hoy te digo con respeto y con orgullo
Que en la memoria de muchos vivirás,
Te siento como mío
Es por eso que un beso yo te quiero dar
Si acaso mañana cuando regrese
Tal vez ya no te he de encontrar.
EDUSODO - 2012



EL PALAFITO DE DON CARMELO BARONE

Don Carmelo Barona era un ciudadano italiano que se radicó en nuestro país, luego se afinca en la ciudad de Castillos y es el pionero en esta localidad en instalar una Usina Eléctrica con un motor y luego incorpora dos más, además de este emprendimiento impulsó la elaboración de bebidas gaseosas envasadas en botellas con tapón de bolitas y posteriormente una fábrica de barras de hielo. (Fuente: VELAS AL VIENTO – Arturo C. Correa) Dr. Luis Alberto Sassano, Teresa Álvarez y Carlos Arrieche recuerdan una anécdota de Don Carmelo “Tenía un palafito de pajas y troncos desafiando el mar, las aguas embravecidas del océano no pudieron tumbarlo y llevárselo; un día como tantos otros de recibir los embates del mar estaba su propietario rodeado de agua en su vivienda, empacado tenazmente en no abandonar su palafito y tuvo que intervenir funcionarios de prefectura para rescatarlo visto que Carmelo estaba dispuesto a no dejar su vivienda de veraneo, ya era una persona nonagenaria. Luego su familia le sustituye esta vivienda de palo y paja que el mar no supo doblegar por otro palafito de materiales de mampostería, Carlos Arrieche aseveró “era de mayor altura entre la plancha del piso y las arenas donde se afirmaba la vivienda con tecnología antisísmica. Eran los primeros años de la década del 1980 cuando una gran creciente de mar embistió ferozmente al frente de las viviendas costeras de Aguas Dulces.

Unos diez metros atrás la casa de Don Carmelo existían unos médanos altos y numerosas personas presenciaban la batalla del mar con lo que creó el hombre con sus manos; fue dura y sin pausas el embate del mar,… de pronto viene una enorme ola rebota en los médanos que servían de tribuna a los espectadores, por cierto no futboleros, y al regreso la masa de agua envuelve al Palafito de Barone y atrás venía otro alud de agua igual o mayor que la anterior y ahí claudica la vivienda para siempre. Se lo llevó flotando como una balsa, de pronto una implosión y por sus ventanas el agua expulsaba diversos elementos, a muchos les quedó en la retina de sus ojos como salían numerosos libros por las aberturas y un instante,…, segundos nada más desapareció para siempre ni aún en las grandes bajantes se puede ver que sea un atisbo del material de dicha casa.”

Silvia Perdomo Barone, nieta de Carmelo, al recordar el triste desenlace que tuvo la vivienda de su abuelo, recordó con nostalgia aquel día aciago y afirmó “Todo se fue con la casa. … Lo único que el mar devolvió fue un barco que hizo mi abuelo, el cual tenía el casco hecho con una vaina de palmera, no se bien como se llama, donde está el racimo de butia y queda como de madera. … Se llamaba Silvia pues fue un regalo que me hizo cuando era niña… se lo dieron a mi tío y lo tenía en su casa en Valizas.

… Hace mucho que no voy por allá; un mueble también ahora que me acuerdo, rojo. … Todos los muebles de la casa de Aguas Dulces eran rojos, las puertas y ventanas verdes y las paredes blancas, por la bandera de Italia…”

Ada Rafaela Barone Pérez – hija de Carmelo Barone relató tiempo atrás las vivencias de su padre en Castillos y Aguas Dulces: “… La salida de Castillos era realmente hermosa, con sus curvas, subidas y bajadas, pero por aquellos tiempos no existía una carretera hacia el Chuy, por lo que debíamos atravesar el difícil escollo de las arenas de la angostura. Para atravesar aquel tramo de la ruta se hacía imprescindible un Ford del 29 equipado con cadenas en las ruedas y la buena muñeca de un volante baqueano. Así llegábamos a la Fortaleza de Santa Teresa o al balneario de Aguas Dulces. En este último pasaba los veranos con mi familia. Fueron los días más felices de toda mi vida. Teníamos aquel enorme océano sólo para nosotros, las olas, el olor y gusto a salitre, las arenas blancas que formaban enormes médanos como montañas. Había unas pocas viviendas precarias, de paja y pisos de arena. Y todos nos conocíamos. Las noches de serenata y la luna reflejada en el mar, el sol que no dañaba y nos doraba la piel. Cerca de la costa del mar habían varios barcos hundidos: el Gaiford (un barco alemán) y el Arino (un vapor a rueda del tiempo de la guerra de los ingleses, que traía el dinero para el pago de la tropa y al hundirse según la leyenda, muchos vecinos del pueblo se enriquecieron con el oro rescatado). Años más tarde, mi casa se reconstruye sobre pilares de hormigón y cuando el mar crecía, el agua pasaba por debajo. En ella mi padre creo un pequeño museo con elementos marinos hallados en la costa: caracoles, oídos de ballena, caparazón de tortuga gigante, costillas de ballenas, mandíbulas de tiburón, huesos petrificados, el farol del Arino, catalejos de antiguas épocas, una bayoneta de la época de Artigas y encuadrada en una caja de vidrio, la banda del Capitán del Gaiford que alguien le obsequió… Al pasar los años el pueblo fue creciendo, progresando, las calles fueron asfaltadas, la ciudad iluminada con todos los adelantos eléctricos, automóviles más modernos que comienzan a transitar por flamantes carreteras y caminos. Y así surge la ciudad de Castillos. El Estado expropió la usina eléctrica y mi padre entonces vendió la fábrica de hielo, el cine y la fábrica de gaseosas y nos mudamos a Montevideo. Y mis recuerdos quedaron en las olas, los médanos de arena, los butiaces, las palmas, las lagunas, los atardeceres y la luna iluminando el agua del mar. “ (Carmine Carmelo en español Barone Di Napole nació el 28 de diciembre de 1887 en Baronisi, un pequeño pueblo cerca de Salerno –Italia- y contrajo matrimonio con Deyanires Pérez Vicente y de dicha unión tuvieron tres hijos: Hugo Juan, Ada (+) y Ada Rafaela. *) *Información proporcionada por la Dra. Silvia Perdomo Barone.

El origen del balneario Aguas Dulces o Agua Dulce se remonta al siglo 19, es decir allá por los 1800 y pico. El Profesor Jesús Perdomo publicó en el diario local El Palmareño sendos artículos sobre la fundación u orígenes del balneario, por ejemplo relata: “Quien primero descubrió y divulgó el dato fue Pocha Faget: el próximo mes de enero de 2001Aguas Dulces cumple oficialmente cien años.”

En efecto el Acta de Comisión Auxiliar de San Vicente –con fecha 31 de enero de 1901 anota: “varios vecinos protestan por el cierre de una portera propiedad de don Amabilio Olivera, cobrando peaje a los transeúntes que transitan con dirección al paraje conocido por Aguas Dulces, sin haber éste llenado los requisitos que la ley del código rural señala...” “El sentido común nos indica que, si por 1901 ya había tránsito de personas hacia y desde el paraje conocido por Aguas Dulces quiere decir que el origen del núcleo-balneario viene de atrás... (4)

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Don Mario Ubal Olivera brindó referencias desde cuando se veraneaba en Aguas Dulces, al respecto afirmó que: “mi abuelo falleció en el año 1886 y fue de los primeros veraneantes y se llamaba Gabino Ubal Ortiz, oriundo de Florida, siendo joven se radicó en esta zona”.

Don Avelino Rocha hace una precisión sobre el origen de Aguas Dulces “los antes dueños de los arenales hasta la mayor creciente eran los Rochas “Monarcas”. Donaron doscientas chacras para el pueblo de Castillos para hacer Balneario, que eran de la Vuelta del Palmar.

Los Rochas del referido paraje – en las últimas dos décadas del Siglo XIX - eran Procopio Rocha Martínez casado con Palerma Sena y Luciano Rocha Martínez casado con Claudia Olivera hija de Juan Oliveira Teixeira y sobrina del Coronel Leonardo Olivera….

Existió un documento “Madre” por las cuadras donadas para las familias de Castillos, dicho documento – de acuerdo a lo informado, no está ajena a la investigación que efectuara el Profesor Fausto Molina Faget sobre el balneario castillense, cuando expresa “los Rochas quieren saber…” Los Rocha de Vuelta del Palmar tenían propiedades en Aguas Dulces y datan– al menos - del siglo 19.

“Sobre el origen del nombre del balneario se afirma que es a consecuencia de manantiales de agua dulce existentes en diversos puntos de la ensenada de Castillos y en las proximidades del cerro Buena Vista en el sistema de dunas entre Valizas y Cabo Polonio. Estos lugares eran puntos de referencia de las embarcaciones que surcaban esta parte del Atlántico en épocas de la conquista y colonial, y atracaban en la Ensenada de AGUAS DULCES” (5)

Existe una dualidad en cuanto al origen de su nombre, algunos lo indicaban en singular, otros en plural, por ejemplo, tomando el Diccionario Geográfico del Uruguay 1ª y 2ª Edición de Orestes Araujo siempre está en plural: AGUAS DULCES. Estas publicaciones datan de 1900 y 1912 respectivamente. También Perdomo señala en El Palmareño esta curiosidad: …En diciembre de 1924 se hace referencia –clarita la letra – a el Agua Dulce, sin S, como dice la gente vieja en singular absoluto” y así algunos años más aparece en diversos documentos. (6)

Índices Uruguayos relata “Amplitud extrema de mar y tierra. Las rocas huyeron de este lugar, para evitar el contraste que significarían sus moles abruptas, con la diafanidad simplista de esta costa que el mar acaricia mansamente en una extensión de varios kilómetros”.

Y al final de este artículo indica: “en la estación balnearia acostumbra a instalarse allí un pequeño restaurante que hace las veces de proveedor para los veraneantes. Las construcciones son aquí rudimentarias, lo cual obliga a las gentes a vivir una vida sana y sencilla…” (7)

Continuará………………………………



BIBLIOGRAFÍAS Y PUBLICACIONES CONSULTADAS:

1)Revista Minas de 1949 y escrito por Rodolfo Obregón
2) Benjamín Sierra y Sierra: Apuntes para la geografía del departamento de Rocha
3) Repartido Nº 105 – Agosto 1942 – Carpeta Nº 211 de 1942
4) El Palmareño de diciembre de 2000
5) El Palmareño ídem
6) El Palmareño ídem
7) Libro ÍNDICES URUGUAYOS – Sección Rocha de noviembre de 1936 en la página 160.
8) Sociedad Uruguaya de Geología Revista Nº 10 año 2003.
9), 10), 11) y 12) De Naufragios y Leyendas en las costas de Rocha – Juan Antonio Varese.

Pueden escribirle a Néstor Rocha a su mail: rocharochanestor@hotmail.com



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