EL RESCATE QUE NO FUE
EL RESCATE QUE NO FUÉ

La historia del reflotamiento del San Salvador, buque encallado por expertos navegantes y cuyo único intento de salvamento tuvo como protagonista a un castillense que nada sabía de barcos: el Sr. Blanco Méndez Blanco.



La madrugada del 11 de octubre de 1959 “azotado por el viento y perjudicado por una densa niebla encalló, en las costas de Rocha, el San Salvador” decía la crónica del diario El Plata. Se trataba de un buque de bandera uruguaya con 48.30 metros de eslora, 7.41 metros de manga y 400 toneladas de registro. Originariamente fue una barcaza utilizada para el transporte de infantes de la marina de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. A finales de la década del 40 lo compra una firma de la localidad de Dolores, que fracasa comercialmente, permaneciendo el barco anclado durante mucho tiempo en el Rio San Salvador. Posteriormente lo adquiere “Cuenca del Plata S.A” bautizándolo con el nombre del Rio que lo albergó varios años y transformándolo en un buque frigorífico para el transporte de productos cárnicos.

En virtud de haberse paralizado momentáneamente la exportación de carne a Brasil (a raíz de algunas dificultades climáticas ocurridas en 1959) el barco es enviado al puerto de Antonina, en el Estado de Paraná, a buscar un cargamento de yerba mate. Con 120 toneladas de éste producto en sus bodegas, a las 4 a.m del 11 de octubre de 1959, el buque encalla en el lecho de arena de la Ensenada de Castillos en las proximidades de Barra de Balizas. Tanto la tripulación, compuesta por un total de 20 hombres, como el cargamento no sufren daños. El buque tampoco presenta averías.

La noche del 10 de octubre fue sumamente agitada para Blanco Méndez Blanco, quien estuvo hasta la madrugada del día 11 realizando trabajos de prótesis dentales que debían ser enviados en el ómnibus que partía desde Castillos a las 5 de la mañana. Cumplida la tarea y depositadas las encomiendas, Blanco regresa a Aguas Dulces en su cachila Ford Bature rodado 18, arribando al balneario aproximadamente a las 5 y 30 de la madrugada.



“Al llegar a mi casa miro en dirección a Balizas y observo un montón de luces en la playa como si se tratara de un barco. Bajé mis cosas de la cachila y emprendí el viaje por la costa, estaba oscuro y el mar un poco crecido”, nos comenta Blanco Méndez Blanco. Este aguadulceño, hoy con 96 años cumplidos, nos recibe en su casa para contarnos la historia del rescate del San Salvador. La charla entablada con el equipo de +Rocha fue fluida y amena, demostrando una lucidez sorprendente y un estado físico envidiable. Cuál es el secreto para llegar tan bien a los 96 años? “una vida sana y sin vicios” fue su respuesta.



“Cuando llego al barco desciende toda la tripulación encabezada por el Capitán Alfredo Shigrla” quién, luego de los saludos y presentaciones de rigor, le solicitó a Méndez Blanco que lo trasladara a Castillos para comunicar la noticia del accidente a Montevideo. El piloto encargado de la navegación del “San Salvador” era nada más ni nada menos que Hugo León Márquez el que, luego como Vicealmirante, tendría una activa participación en el régimen militar que gobernó nuestro País entre 1973 y 1984.



Efectuado el aviso del accidente a las autoridades correspondientes el Capitán Shigrla y Méndez Blanco regresan al buque. Blanco Méndez Blanco y su cachila Bature pasarían a ser, a partir de ese momento, el nexo entre la tripulación y tierra firme.

Tanto el buque como la carga estaban asegurados en el Banco de Seguros del Estado. Es esta Institución la que contrata los servicios de la Administración Nacional de Puertos (ANP) para intentar reflotar el “San Salvador” y de esa forma, con el salvataje de buque y carga, evitar pagar el millonario seguro. Blanco Méndez Blanco nos comenta que la ANP contrata los servicios de un experto en el rescate de barcos encallados durante la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de un italiano de apellido Castagnola “que según era un crack sacando buques de la arena”, nos dice Blanco.

“Durante meses estuve trabajando con ellos llevando y trayendo correspondencia, comestibles y todo lo que necesitaran. Además trasladaba desde castillos y hacia el barco a personal de la ANP, periodistas, políticos, gente que venía en avioneta. El patrón del buque era Carmelo Macri y el jefe de maquinas se llamaba Julio Bustamante” nos comenta el entrevistado observando una libreta donde guarda datos del San Salvador.



“Un determinado día estábamos en el barco charlando con Márquez, Macri y otras personas de la tripulación. Se había colocado una escalera de madera bastante larga para subir y bajar. El buque tenía una especie de casita en la arena donde iba y venía cada vez que lo golpeaba una ola. Cuando la ola se retiraba se volvía a fondear. En el momento que estoy bajando el barco comienza a moverse, la escalera se clava en la arena y se parte justo cuando viene la ola.” La fuerza del agua arrastra a Méndez Blanco debajo del buque, “me chupó y no me pregunten como salí de allí abajo, pero salí. Casi termina apretándome una pierna pero me escapé, el barco me perdonó la vida.” El destino de ambos volvería a cruzarse más adelante cuando, por circunstancias fortuitas, le correspondería a Blanco intentar salvar el barco.

Fueron varias semanas de labores intensas tratando de poner la proa en dirección al mar. “El fondo del buque era chato, al ser tipo barcaza, lo que facilitó la tarea. Fue un trabajo duro pero finalmente se logró direccionarlo y ponerle proa hacia donde correspondía. En un momento dado, era cerca de fin de año, los dueños del barco le dan licencia al personal y quedan trabajando únicamente los del Puerto y el italiano Castagnola. Yo creo que era 31 de diciembre cuando se produce una creciente lo que aumentaba las posibilidades de reflotarlo.” Al subir la marea el patrón del buque, Carmelo Macri, se comunica con Méndez Blanco para ver si este no se animaba a poner en funcionamiento los motores de la nave. “Macri me llamó y me dijo: mira blanquito, tú que eres muy tuerca no te animas a hacer arrancar los motores de ese barco?, yo intento le dije, una vez lo vi al jefe de maquinas(a Bustamante) poner en marcha los motores. Me animo, como no”.



Según Blanco, el San Salvador “era un barco con dos hélices y cada hélice contaba con un grupo de cuatro motores GMC tipo los de la ONDA, en total eran ocho motores. Si yo hacía arrancar uno los ponía en marcha a todos, y asi fue como sucedió”, nos dice Méndez Blanco.

“La gente de la ANP había largado un fanfarrin al fondo del mar” (aparejo de playa utilizado para que el buque recuperara la escora y no se moviera de su lugar) “pero había que darle maquina y las hélices estaban enterradas en la arena. Al principio cuando intenté mover el buque las hélices estaban neutras, eran hélices revertibles que se movían tanto para un lado u otro de acuerdo a como se inclinaran las paletas. Trabajé un buen rato, la marea seguía subiendo, hasta que logré que el barco comenzara a moverse. Cuando avanzó unos 300 metros sentí un tirón bien abajo, en la sentina donde estaban los motores” (sentina es la cavidad inferior de un barco, situada inmediatamente sobre la quilla). “Aquello fue como un cimbronazo, eso ocurría cada vez que venía una ola, lo levantaba un poquito y volvía a darse sobre un banco de arena.” En ese momento Méndez Blanco se dirige al experto italiano (Castagnola) para informarle lo que estaba ocurriendo y advertirle que corrían riesgo de reventar la linga. “Ma, me va a enseñare a mí como tirare una barca?” fue la respuesta del enojado experto. “Yo me volví a la sala de maquinas y los crujidos eran cada vez más constantes y mas fuertes hasta que escuché un sonido diferente a los anteriores, ahí les dije a los que estaban conmigo: se rompió la linga! Y había reventado nomás. Yo lo miro al italiano experto y le digo: y ahora que hacemos Castagnola? Y ahora tiro el ancla!!, me respondió.” Según nos cuenta Blanco esa maniobra fue crucial para sentenciar el destino del barco. La nave ya estaba de punta hacia el océano y totalmente liberada pero “cuando tira el ancla el barco da un giro brusco rompe la cadena y otra vez quedó en dirección a la costa, ahora si herido de muerte”



Desde el 18 de octubre de 1959 (una semana después del naufragio) hasta el 29 de enero de 1960, la Administración Nacional de Puertos estuvo a cargo de la tarea de custodia y rescate del San Salvador. Al ver infructuosos los esfuerzos de liberarlo de su encalladura se toma la determinación de descargar la yerba mate en su totalidad y poner en venta la nave.

“Finalmente lo pusieron a la venta y lo compró un chatarrero de Montevideo de apellido Pasqueiro. Era un barco precioso, tenía unas instalaciones impecables, ocho motores GMC, un frigorífico con cámaras, era fabuloso. Además de esos motores tenía otros para las grúas, habían generadores de electricidad, el que lo compró lo adquirió por tres vintenes y se hizo millonario”, nos comenta Méndez Blanco. “Se lo llevaron de a pedazos, lo transportaban en un carretón tirado por tractor hasta Aguas Dulces y desde acá en camiones lo llevaban a Montevideo”



Blanco Méndez Blanco aun atesora objetos que le quedaron de recuerdo del barco. “A Pasqueiro le compre dos camas cuchetas, que son de metal, donde han dormido mis hijos y familiares. Venían con los colchones, los que tenían una inscripción que decía Hollywood. También conservo uno de los salvavidas del buque.”



Fueron cuatro meses de dura lucha desplegados por el “San Salvador” contra los avatares del océano y las extrañas decisiones adoptadas por algunos hombres. La licencia del personal de a bordo en un momento clave del salvataje y las maniobras poco razonables de los expertos contratados fueron determinantes a la hora del destino final del barco.

En medio de toda esa caótica situación un castillense (sin conocimientos de navegación) pero con mucho sentido común, casi se transforma en el “San Salvador”.

LA ANÉCDOTA FINAL

Con motivo de una visita a Castillos del entonces Presidente de la República en el gobierno cívico-militar, Don Aparicio Méndez (junto a una extensa comitiva), el Sr. Antonio Gabito Barrios le hace saber, al Vicealmirante Hugo León Márquez, de la presencia de Méndez Blanco en el público presente. “Mira que está Blanquito por ahí”, le dice Gabito Barrios al Vicealmirante. “Tráemelo, tráemelo, por favor. Le quiero presentar al Presidente”, fue la respuesta. “Cuando nos presentan el Sr. Presidente me mira y me dice: asi que Usted es Méndez y también es blanco? Yo también soy blanco y soy Méndez, me dice. Y yo le respondo: discúlpeme Presidente pero yo a Usted le gano bien, porque yo soy Méndez, pero soy dos veces Blanco.”





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